El 12 de noviembre de 1712 fallecía en Santiago de Compostela, en su casa del Pombal, Domingos Antonio de Andrade, el autor ceense que llevó la arquitectura del barroco gallego a las más altas cuotas de excelencia. Singular entre una generación irrepetible de maestros que se formaron y trabajaron alrededor de la fábrica catedralicia compostelana, reposa bajo una lápida anónima en la capilla de la Concepción de la catedral, pero su memoria enseñorea la urbe desde el requintado final de la Torre del Reloj, trepa por los muros en las lozanas sartas frutales de la Casa de la Parra y acaba por ascender en un vértigo inaudito por la triple hélice de la escalera de Bonaval.
Andrade es ya maestro de obras de la catedral cuando, en 1685, llega a Santiago el dominico mexicano fray Antonio de Monroy, que permanecerá en la sede compostelana hasta su muerte, en 1715. Monroy dedica su fortuna a enriquecer el patrimonio eclesiástico de la ciudad. Compostela se transforma bajo la túnica del virtuosismo y la monumentalidad barroca. En plena apoteosis constructiva, la ciudad se mueve impulsada por el dinamismo de fachadas y retablos, y hasta los rincones y esquinas más humildes de sus calles se entregan al nuevo lenguaje de efectistas contrastes lumínicos y dinámicas perspectivas. Domingos de Andrade será el encargado de esa gran transformación escenográfica, un trazado artístico que continuarán sus igualmente afamados discípulos Casas Novoa y Simón Rodríguez.
Participa en la remodelación de la catedral, diseñando la nueva estructura externa de la Plaza de la Quintana, así como en la Capilla del Pilar y en la Torre del Reloj, la que, según Pérez Costanti, "consolidó su renombre y testimonió por modo especial su talento".
En el convento dominico de San Domingos de Bonaval, a las trazas góticas y renacentistas, el arquitecto incorpora ahora los modelos de la época. En la fachada de la portería proyecta un ángulo de algo menos de 90º grados con la portada de la iglesia, en la búsqueda de una perspectiva favorable para enfatizar el efecto monumental del conjunto, situado en una cota dominante. La portada está compuesta por dos grandes pilastras toscanas que soportan un frontón curvo partido y enmarcan la puerta adintelada, que preside la imagen del santo fundador y una inscripción que remite al patrocinio del arzobispo Monroy. Las pilastras se ven decoradas por un ornamento representativo, las sartas de frutas, vistoso e inequívoco elemento del, desde entonces, barroco compostelano.
Cuando Andrade asume el encargo el claustro ya había construido un lienzo, y remata la obra desarrollando los tres cuerpos restantes y decorando el conjunto con las características sartas de frutas que se distribuyen en las pilastras de la planta baja, aparentemente repetidas pero todas ellas con sutiles diferencias entre sí. Por último en el ángulo noroeste del edificio conventual el arquitecto corona su trabajo con la construcción de la triple escalera de caracol, motivo de admiración de propios y extraños que, a lo largo de las generaciones, vienen considerándola cómo una de las piezas más singulares del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Cuando se promulga la ley de Mendizábal el convento pasa a manos del Ayuntamiento. Felizmente, pudo sustraerse a la ejecución del Real Decreto de 1836 que ordenaba que "los edificios que fueron monasterios y conventos en esta Corte se destinen desde luego al beneficio de los pueblos"; Sano Domingos había sido destinado para cuarteles, con demolición de la iglesia. En 1841 el Ayuntamiento dedica el convento a hospicio. En diciembre de 1912 el Boletín Oficial del Estado publica la declaración de la iglesia de Bonaval como monumento histórico nacional. En 1945 el ala sur acogía un colegio de sordomudos y ciegos. También estuvo aquí el archivo municipal y, por fin, el Ayuntamiento decide acondicionar y destinar una parte de las dependencias para Museo municipal, que se inaugura en 1963.
En 1976, el Patronato del Museo do Pobo Galego, recién constituido, solicita la cesión del edificio. La Corporación municipal aprueba la cesión en febrero de 1977. El Patronato aborda entonces las obras de restauración y rehabilitación, garantizando que la nueva función asignada al monumento revierta a la comunidad a través de usos socioculturales. La inauguración tiene lugar el 29 de octubre de 1977. Treinta y cinco años después, el Museo aborda proyectos de futuro con una remodelación integral arquitectónica y museológica, mientras sigue trabajando en pos de defender y promover, tal y como rezan sus estatutos, la cultura gallega en todos sus ámbitos.
En el tercer centenario de la muerte de Domingos de Andrade, esta institución no podía dejar pasar la oportunidad de rememorar esta figura universal, artífice de una maravillosa escalera que sigue deslumbrando a propios y extraños. Una exposición y una publicación, con textos de expertos en la materia, ayudarán a que su historia resuene en estos inicios del siglo XXI, al tiempo que tañen, cada hora, las campanas de la Berenguela.
De martes a sábado:
11:00 - 18:00 horas
Domingos y festivos
11 - 14 horas
LUNES CERRADO
24 y 31 de diciembre, 5 de enero: 11 - 14 horas
Cierre anual
1 de enero (Año) y
25 de diciembre (Navidad)
Entrada ordinaria:
4 euros
Entrada reducida:
1,50 euro (mayores de 65 años, estudiantes mayores de 18 años)
Entrada gratuíta:
socios del Museo (acompañantes 3 euros), estudiantes menores de 18 años y trabajadores desempleados
Grupos a partir de 6 personas:
3 euros por persona
Visita a exposiciones temporales:
gratuíta
Entrada libre:
Domingos
18 de mayo (Día de los Museos)
25 de julio
29 de octubre (aniversario del MPG)
C/ San Domingos de Bonaval,
15703, Santiago de Compostela.
tel. 981-583620 / fax 981-554840
email: info@museodopobo.gal
Existe la posibilidad de organizar visitas para grupos previo contacto
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